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El año en que amamos a Paquita Torres PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Andrés Cárdenas   

Artículo publicado en ideal.es el 22 / 11 / 2007

cardenas_thumb.jpg «¿NO será usted el causante de esta situación? Si no se dedicase a buscar camareras tan guapas ahora no se le presentarían estos problemas». Esto le respondió el responsable de Turismo en Málaga al administrador del Parador Nacional del Gol-Torremolinos cuando le escribió pidiéndole permiso para que la bailenense Paquita Torres, camarera por entonces en dicho parador, pudiera presentarse al certamen de Miss Málaga. Estamos hablando de mediados de los sesenta, cuando el turismo y la emigración eran dos de los factores sociales en los que se movía nuestro país. Paquita Torres no sólo ganó el concurso de Miss Málaga, sino que en el año 1966 fue proclamada Miss España y poco después Miss Europa. Recuerdo que en aquellos años de pensamientos tan pacatos, Paquita Torres llegó a monopolizar el sueño del triunfo de muchos bailenenses que querían abandonar el pueblo y triunfar profesionalmente en otros lugares. Ella fue la encarnación de aquello que alcanzar algún día y que estaba tan lejos de nuestro alcance. En Bailén todas las chicas querían llegar a ser la paisana que había conquistado Europa con su belleza. Los adolescentes soñábamos con una de sus miradas.

En Bailén existía un parador -al principio fue albergue nacional de carretera- al que los niños de aquellos tiempos nos acercábamos con cierta timidez porque aquel establecimiento estaba hecho para turistas extranjeros. Tenía para nosotros el 'glamour' de lo lejano y sabíamos que allí sólo podían entrar aquellos que venían de fuera o que tenían mucho dinero.

Además, las circunstancias le habían hecho entrar aquel lugar en la intrahistoria del toreo: en una de las habitaciones del parador de Bailén Manolete se vistió de torero la tarde en que se encontró con la muerte en la plaza de Linares. Pero es que además, allí, en el parador de este pueblo, se habían alojado María Félix, Jorge Negrete y Rita Hayworth. Incluso se ha escrito que para la boda de la duquesa de Alba, entonces duquesa de Montoro, la casa de Alba había pedido al entonces el director general de Turismo, Luis Bolín, que le enviara para el banquete a cocineros del parador de Bailén, uno de los dos paradores -el otro era el de Aranda de Duero- que eran considerados los pesos pesados en la gastronomía de la red. La expansión del turismo en la década de los cincuenta y sesenta se refiere, sobre todo, al turismo extranjero. El español medio aún no se había convertido en turista, ni siquiera dentro de su país. Si algún español cogía el 'seiscientos', era para visitar a los familiares que había dejado en el pueblo. El parador de Bailén pues ejercía en nosotros, los niños de los sesenta, la fascinación de un mundo fuera de nuestro alcance: una habitación a principios de dicha década costaba nada menos que 100 pesetas, más de lo que ganaba nuestro padre en una semana. Eran tiempos en los que Luis Bolín se inventó aquel lema que tanto juego dio: «España es diferente». Y los paradores también lo eran.

Pues bien, los paradores no sólo marcaron la pauta de la industria hotelera española de calidad en estilos arquitectónicos, recuperación de edificios históricos y decoración, sino también en profesionalidad. Su desarrollo en los años sesenta surge ligado a la aparición de centros de formación especializados en los mimos años o incluso antes que la Subsecretaría de Turismo. Uno de esos centros de formación estaba en Bailén, que pronto se convirtió en un referente y una cantera para paradores, especialmente en su época de máxima expansión. El ritmo a que se inauguraban los nuevos establecimientos creaba a Enrique Silvela, que fue el responsable de Paradores durante varios años, un verdadero problema para contratar a personal de cocina, camareros y mujeres para lavar, planchar y hacer las camas. Aquel profesional que se iba de Bailén a un parador, llamaba a algún conocido o familiar que buscaba trabajo que en tal o cual establecimiento de la red estaban buscando gente para formar parte de la plantilla del mismo. En Bailén las expectativas de trabajo de personas que no habían cursado estudios, eran dos: o trabajar en los tejares y fábricas de cerámica o coger la maleta e irse a trabajar a un parador.
Muchos cogieron esta última alternativa. Uno de los culpables de que Bailén se convirtiera en una auténtica cantera de administradores y cocineros para toda la red fue el cura Eufrasio, al que acudían muchas familias en busca de una recomendación para poder trabajar en estos establecimientos. Poco después ayudó igualmente a la tarea de esa emigración en busca de un bienestar laboral el que hubiera personas del pueblo trabajando en la Subsecretaría de Turismo, como Jesús Cárdenas, hoy director de los paradores de Úbeda y Cazorla, cuya vivienda familiar en Bailén se convirtió en una verdadera agencia de colocación.
Opinión: El caso es que al día de hoy, más del 10 por ciento de los trabajadores de paradores son de Bailén. Hay casi una decena de directores que son de este pueblo y raro es el establecimiento de la red en cuya nómina no hay un bailenense. Tal vez esa cifras y la contribución de la gente de Bailén en el desarrollo de los paradores, haya sido lo que haya impulsado a un grupo de personas, lideradas por Alfonso Rubio, director del Parador de Nerja, a crear una asociación que tiene la finalidad de «aglutinar a todos los bailenenses que viven fuera de su pueblo natal, por motivos profesionales, singular y principalmente el colectivo de habitantes de este pueblo en el sector turístico y más concretamente en Paradores», según sus estatutos. La asociación lleva el nombre de la heroína local María Bellido y fundamenta su clima de convivencia, «en la amistad, en el respeto entre todos los asociados, en la confraternidad y en los valores culturales e históricos que son comunes a todos los bailenenses, como es portar el buen nombre de Bailén en todos los ámbitos y entornos de actuación, reforzando así los sentimientos de pertenencia, arraigo local y fluidez en la relación con los familiares más directos».


La asociación (para más información se puede entrar en la web www.abmariabellido.com) fue presentada en sociedad a finales del pasado mes de septiembre y ya son muchos los bailenenses que han mostrado su intención de pertenecer a la misma. Los fundadores de la asociación quieren, de alguna forma, que alguien que marche de pueblo no sienta el desarraigo ni la soledad que acarrea toda emigración forzosa. Quieren que los bailenenses sientan como suyas las tradiciones del pueblo y que comprendan que pueden seguir viviendo en el alma de cada uno aunque se viva a mil kilómetros de distancia del lugar en el que se ha nacido. Quieren echar mano de la historia de la localidad para potenciar el sentimiento de la amistad y la virtud de la sana convivencia. Quieren, en definitiva, que todo bailenense que resida fuera tenga un tronco en el que agarrarse en el caso de cualquier naufragio emocional. Están para todo eso y para mucho más. 

 

 
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